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PRISA ENEMIGA

Vivir apurados no es bueno para nada ni nadie.

Hoy en día, en varias ocasiones, nos sentimos en un loop continuo a pura prisa. Siempre apurados de aquí para allá, yendo de una actividad a otra, de una reunión a otra, o incluso en la virtualidad, ¡de una call a otra! Y así se pasan los días a las corridas entre nuestros negocios, trabajo y, claro, nuestra vida. Estar siempre apurados no es bueno para nada: desgasta y mucho. La prisa es enemiga de los negocios, pero lo más importante es que es la peor amiga de la tranquilidad. ¿Por qué vivimos siempre apurados? La respuesta puede estar atada al contexto y también a la falsa creencia de que quien está todo el día de aquí para allá es productivo y quedarse quieto no está “bien visto”. Ahora, ¿Cómo bajar revoluciones? ¿Cómo aprender a vivir sin prisa constante en un mundo y contexto que marcan un ritmo vertiginoso?

 


 

AGENDAS MÁS LIVIANAS

La energía es el motor de las personas y tenerla es super bueno y hasta vital para lo que hacemos, pero como todo lo bueno –en “exceso”– puede traer problemas. Cuando nos sentimos con energía llenamos nuestros días de reuniones, compromisos… y no dejamos un solo hueco libre. Sin embargo, una agenda llena de prisas frenéticas agota en todo sentido: física y mentalmente. Y no hay energía que pueda ir contra eso. A su vez, si estamos agotados nada bueno puede surgir. 

¿La prisa mejora o empeora los resultados? ¿Cómo afecta al trabajo y los negocios? Sin duda la prisa empeora los resultados. Si hacemos todo rápido lo más probable es que en el medio cometamos errores, ya que al no parar y vivir sin pausa el estrés se apodera de nosotros y no nos permite pensar con claridad. Por lo tanto, hay que frenar y pensar las jornadas con más pausas y sin tantas corridas en la rutina laboral. ¿Cómo bajar el ritmo sin perder productividad? 

Algunas sugerencias que pueden colaborar en este sentido:

  • Pausar antes de comprometerse con algo. Antes de decir “sí” a todo lo que nos piden evaluar si vamos a tener el tiempo para hacerlo o no. También reflexionar acerca de si ese pedido se alinea con nuestros objetivos o proyectos, o si le estamos resolviendo algo a alguien más y esa acción no nos suma a nosotros. 
  • Bloquear tiempo en la agenda. Reservar en el calendario unos momentos al día para sacar el pie del acelerador, relajarse y despejar la mente. Esto sirve también para la productividad: podemos ponernos al día con algún proyecto que necesita de reflexión, pensar nuevas ideas, crear. La cabeza más liviana es muy productiva. 
  • Darle el tiempo que requieren las decisiones importantes. Muchas veces la prisa nos lleva puestos y nos hace tomar –en el apuro– decisiones no del todo acertadas. Si es algo que puede tener zonas grises y necesita de nuestro tiempo de reflexión, darle ese espacio. Permitirse analizarlo y dar respuesta al día siguiente, por ejemplo. 
  • Tener gestión del tiempo. Gestionar el tiempo que tenemos en la jornada es fundamental. Hay que poder dimensionarlo para no abarcar más de lo que el tiempo físico nos brinda. 

Para finalizar es importante hacernos la siguiente pregunta: ¿Qué se gana al vivir sin prisa constante? Seguramente la respuesta esté en bienestar, equilibrio, enfoque y una mejor calidad de vida. Después de todo, de eso trata. Vivir mejor y con más plenitud. 

 

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