Durante décadas al hablar de las organizaciones y el talento que allí trabaja nos focalizábamos y analizábamos el desempeño, resultados, indicadores y productividad. Sin embargo, siempre hubo algo latente a lo que no se le dio el peso que tenía y tiene: el estado emocional de las personas. Incluso hoy ese estado emocional sigue operando en silencio en muchas organizaciones. Como explica Carla L. Fassi, consultora estratégica en Recursos Humanos con más de 30 años de experiencia liderando equipos, estrategia de talento y cultura organizacional, las personas no ingresan a una organización dejando sus emociones en la puerta. Llegan con expectativas, preocupaciones, motivaciones, miedos, entusiasmo o incertidumbre, y todo eso impacta directamente en la manera en que trabajan, se relacionan y toman decisiones. ¿Cómo impactan las emociones en el trabajo diario? “El estado emocional influye en el compromiso, la productividad, la creatividad, la capacidad para colaborar y hasta en la disposición al cambio. Las emociones operan como una energía que circula dentro de la organización: se contagian, se amplifican y generan climas. Un líder con ansiedad puede transmitir tensión a un equipo; una cultura basada en confianza y reconocimiento puede potenciar entusiasmo y pertenencia”, explica Fassi y aclara que hoy las organizaciones ya no gestionan solamente procesos y resultados; gestionan experiencias humanas. Por lo tanto, ignorar el plano emocional tiene costos muy altos como desmotivación, conflictos, rotación, ausentismo y pérdida de talento.
PRIMERO SENTIMOS
Las personas, con frecuencia, justificamos lo que hacemos desde lo que sentimos. Solemos creer que tomamos decisiones de manera racional y luego la experiencia demuestra que las emociones tienen un peso enorme. “Muchas veces primero sentimos y después encontramos argumentos para explicar lo que hicimos. Se puede rechazar un cambio diciendo que ‘no es una buena estrategia’, cuando detrás puede existir miedo, incertidumbre o pérdida de control. Lo mismo sucede con decisiones laborales, conflictos o resistencias”, detalla Fassi.
¿Por qué ocurre? Según explica la especialista, se debe a que la emoción y la razón no funcionan por caminos separados. Las emociones son una forma rápida que tiene nuestro cerebro de interpretar la realidad y protegernos. El desafío organizacional no es eliminar emociones, sino reconocerlas y comprender cómo influyen en nuestras conductas.
GESTIÓN EMOCIONAL
Es clave que las organizaciones desde sus áreas de Recursos Humanos y a través de sus líderes empiecen a gestionar adecuadamente las emociones en los equipos de trabajo. Pero es importante saber que la gestión emocional no significa transformar en terapeutas a los líderes y responsables de RR.HH, sino en desarrollar capacidad para escuchar, comprender y generar contextos saludables.
Para la especialista hay algunos aspectos fundamentales que colaboran en este sentido:
- Formar líderes con inteligencia emocional y capacidad de escucha
- Generar espacios de conversación genuina y feedback frecuente
- Medir el clima laboral y, sobre todo, actuar sobre los resultados
- Construir culturas basadas en la confianza y la coherencia
- Detectar tempranamente señales de desgaste o desmotivación
- Acompañar procesos de cambio con una comunicación clara y empática
“Las personas pueden atravesar emociones difíciles; lo importante es que la organización no las ignore ni las minimice. Cuando una persona siente que es escuchada y valorada, su vínculo con el trabajo cambia”, asegura.
¿QUÉ EMOCIÓN PREDOMINA HOY EN LAS ORGANIZACIONES?
Como explica Fassi, las organizaciones tienen emociones predominantes aunque muchas veces no se nombran. Se pueden detectar escuchando cómo hablan las personas, observando comportamientos cotidianos, analizando conversaciones, niveles de energía, resultados de clima, ausentismo, rotación y dinámicas internas. Una pregunta simple y valiosa para hacerse como organización es: ‘¿qué emoción predomina cuando las personas llegan a trabajar cada mañana? ¿Entusiasmo? ¿Confianza? ¿Miedo? ¿Agotamiento? ¿Indiferencia?’. Reconocer esa emoción es clave porque funciona como un indicador muy poderoso de la salud cultural de la organización. Si la emoción predominante es el miedo, probablemente aparezcan baja innovación y poca iniciativa. Si predomina la confianza, es más probable encontrar colaboración, compromiso y aprendizaje.
Las emociones nos dan información muy valiosa y muestran aquello que los indicadores tradicionales muchas veces no logran revelar. “Entender lo que sienten las personas suele explicar más sobre una organización que muchos reportes de gestión. Estas respuestas además transmiten una idea que los años me confirmaron una y otra vez: las organizaciones son, antes que nada, comunidades humanas. Y comprender las emociones es comprender cómo funcionan las personas dentro de ellas”, concluye.