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HÁBITOS Y ANSIEDAD

Qué dice la ciencia y la psicología.

La ansiedad, sin duda, es un mal de esta época y con esta afirmación no estamos develando nada, solo poniendo sobre la mesa una realidad que invita a reflexionar y tratar de encontrar respuestas que nos permitan vivir mejor. Y vivir mejor no es una utopía; es algo posible con las herramientas adecuadas para cada caso en particular y único que atraviesa cada persona. 

Para entender el camino que debemos transitar es clave empezar por definir qué es la ansiedad. Según explica la licenciada Evelyn Pasquali de la Institución Fernando Ulloa, la ansiedad es la respuesta del cerebro ante el peligro de muerte. ¿Un ejemplo? Si vemos un oso, lo común es que tratemos de luchar o de huir. “Cuando la gente tiene ataques de pánico siente los mismos síntomas físicos que cuando hace ejercicio: taquicardia, sudoración, disnea (esa sensación de no poder respirar) y temblores. Esto es porque la sangre está yendo a las extremidades para responder adaptativamente”, detalla.  La clave está en poder interpretar cuándo hay un peligro real y cuándo no, algo que hoy en día parece un tanto difuso. 

¿Por qué es tan común la ansiedad en esta época? Para la especialista, en principio, se debe a que hay un ‘mal aprendizaje’ del cerebro que interpreta que todo malestar, tristeza, frustración o peligro equivale a un peligro de muerte. Y esto claramente no es así. Además, si a eso le sumamos la constante sobreexcitación del sistema nervioso con el azúcar, las harinas, las pantallas… tenemos la receta para el desastre.  

En tercer lugar, menciona a la infoxicación. ¿Qué es esto? Es la intoxicación por noticias trágicas y terribles que ocurren en otros lugares del mundo todo el tiempo y su inevitable impacto en el sistema nervioso que hace que este se ponga en alerta.En síntesis, las malas noticias llegan desde cualquier lado y en cualquier momento a la pantalla de nuestro celular, y eso dispara la respuesta de alerta que no nos deja dormir o tener tiempo de ocio. Resultado: al otro día enfrentamos nuestras actividades sin ‘nafta’ en el cerebro y así sucesivamente hasta que rompemos nuestro órgano más valioso y es necesaria la medicación junto a un tratamiento psicológico para desarmar este círculo vicioso”, asegura.

 


 

¿QUÉ PODEMOS CAMBIAR?

Por supuesto que una vida en continua alerta no es saludable y algo hay que hacer. Hay ciertas corrientes que hablan de que muchos de nuestros hábitos cotidianos (cosas que hacemos día a día en automático) pueden tener una íntima relación con la ansiedad y que incluso la fomentan. ¿Cuáles? Consultar internet compulsivamente, cancelar planes ante situaciones incómodas, buscar constante la validación del entorno… ¿Es así? ¿Qué dice la ciencia? ¿Qué dice la psicología? ¿Está en nuestro poder dejar eso atrás? Como explica Pasquali, este abordaje es propiciado por la psicología cognitivo conductual y los psicoanalistas –como lo es ella– piensan de manera diferente. Sin embargo, en este tema la especialista puede ver un punto de encuentro donde la ansiedad no es el problema, sino lo que hacemos para evitarla. Yo estoy totalmente de acuerdo en que no está bueno suprimir la respuesta biológica y adaptativa que desarrolló la evolución para protegernos de depredadores. El tema es que la alerta está descontrolada y ya no sirve para nada. Es como la alarma de Homero Simpson que suena en tanto y en cuanto todo esté bien. Por lo tanto, como psicoanalista agregaría algo más a la ecuación: las personas no hacemos cosas sin ningún tipo de sentido. Podrá ser un sentido ‘tonto’ o ‘ilógico’, pero sentido al fin. No a todo el mundo se le pueden suprimir esas conductas que alimentan la ansiedad, porque quizás la pasan peor que con la ansiedad misma”, argumenta y lo grafica con un ejemplo personal. “A mí me encantaría perder peso, pero cada vez que suprimo las harinas la paso muy muy mal, mucho peor que las veces que me miro al espejo y no estoy conforme con lo que veo. Entonces, –siempre considerando que este ejemplo es puramente estético y no por cuestiones de salud– ¿vale la pena exponerme al sufrimiento de semanas sin comer harina? ¿O tal vez prefiera el malestar de verme al espejo de vez en cuando? Además, es una situación que –dicho sea de paso– puedo ‘compensar’ con ropa que se ajuste a la forma de mi cuerpo y que resalte lo que más me gusta de mí”. 

Por todo esto, decirle a un sujeto que deje de hacer ciertas cosas para curarse de la ansiedad porque así lo dice la ciencia, no siempre está bueno. Hay gente que por diversos motivos no puede cumplir con eso que ‘se le pide’ y queda como que él o ella ‘no pusieron voluntad para curarse’ y no es así. No es algo tan sencillo o lineal.

 


 

ESTRATEGIAS 

¿Qué hábitos ayudan a reducir la ansiedad? Ante este escenario y realidad que nos atraviesa, hay cosas que efectivamente podemos hacer todos para bajar los niveles de ansiedad y vivir más tranquilos. Para Pasquali es importante hacer terapia, ya sea cognitivo conductual o psicoanalítica, y tener ese espacio para pensar con otro sobre la verdadera ‘gravedad’ o ‘urgencia’ de los problemas. Además, es necesario poder ‘leer’ el síntoma en el contexto y realidad de la persona que lo está experimentando. Algún tema puede no tener importancia para cierta persona, mientras que para otra –por su realidad– puede tenerla. 

Otra forma de abordaje para bajar los niveles de ansiedad es a través del ejercicio. Según la especialista, la actividad física es un ansiolítico y un antidepresivo natural

¿Qué relación existe entre sueño y ansiedad? Una muy estrecha. “Considero que el punto más importante es dormir bien. Las dificultades para conciliar o mantener el sueño son banderas rojas para empezar a ocuparse del tema ya que podría llegar a afectar la salud”, concluye. 

 

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