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GESTIÓN DEL RIESGO Y FACTOR HUMANO

¿Qué rol tienen las personas?

Es simple y claro: la cultura de la prevención y las decisiones cotidianas de los colaboradores son fundamentales para prevenir accidentes y enfermedades profesionales. Con la evolución del Sistema de Riesgos del Trabajo y la incorporación de técnicas y conceptos preventivos internacionales, el sistema se fue enriqueciendo de nuevas herramientas para la prevención. Uno de estos conceptos es pensar a la prevención como un tema cultural que trasciende las actividades laborales y se incorporan en el estilo de vida. El otro, es el de autocuidado que se refiere a los distintos cuidados que se proporciona la persona para tener una mejor calidad de vida. El autocuidado está determinado por aspectos propios de la persona y otros externos, que no dependen directamente de ella. “Con la incorporación de todos estos conceptos el ecosistema preventivo quedó formado por las responsabilidades del empleador para cuidar a sus empleados, las del empleado con los conceptos de autocuidado y el rol de las aseguradoras de riesgos del trabajo asesorando y fiscalizando sobre todos estos temas. Todo esto forma parte de la cultura preventiva y, como tal, se aplica en todo momento: en las decisiones del día a día y en las planificaciones de mediano y largo plazo”, comienza explicando Diego Callegaris, jefe de Prevención de Experta Seguros.

 


 

¿CÓMO CREAR CULTURA PREVENTIVA? 

La cultura preventiva se fomenta todos los días y de múltiples formas. No se limita a una capacitación al personal o una campaña específica. Se debe fomentar diariamente con el ejemplo: la empresa debe demostrar que forma parte de su política y el empleado debe entender que no son solo conceptos que entran en vigor cuando se ingresa a trabajar. La cultura se genera fomentando políticas y sosteniéndolas en el tiempo, involucrando al empleado y a su familia, proporcionando información útil y generando conciencia. La clave es el sostenimiento en el tiempo de las acciones; todos deben interpretar que es parte del ADN de la empresa. Como explica Callegaris, los medios para alcanzarlo son múltiples y deben involucrar campañas periódicas de concientización, acciones concretas diarias (como por ejemplo fomentar la separación de residuos), capacitaciones periódicas dentro del cronograma anual, incentivos a la participación en el descubrimiento de puntos de mejora, realizar actividades participativas habituales con los empleados (como ferias) donde se pueda involucrar también a sus familias. En definitiva, se debe generar conciencia permanentemente y la empresa debe ser la principal impulsora de sus políticas. “El desafío actual es ver cómo transmitir el mensaje y llegar al empleado saliendo de lo tradicional para generar real conciencia”, afirma.

 


 

EL ROL DE LAS PERSONAS

Como explica Callegaris, pueden existir políticas y ser implementadas adecuadamente, pero si el empleado no termina de entender e incorporar los conceptos en su día a día el trabajo no está del todo finalizado. Cuando hablamos de autocuidado hay dos tipos de factores determinantes: internos y externos. Estos factores son fundamentales para entender cómo lograr que la persona pueda interiorizar los conceptos de prevención.

Los Factores Internos dependen directamente de la persona. Y ellos son:

  1. Conocimientos: Determinan, en gran medida, la adopción de prácticas saludables ya que las personas pueden tomar decisiones informadas y optar por prácticas saludables o de riesgo. 
  2. Voluntad: Es importante entender que cada persona tiene una historia de vida con valores, creencias, aprendizajes y motivaciones diferentes, de aquí que cada una tenga una ‘clave para la acción’ diferente, con respecto a los demás y a cada uno de sus hábitos.
  3. Actitudes: Son el resultado del convencimiento íntimo que lleva a una persona a una actuación a favor o en contra, ante una situación determinada. Tiene que ver con los valores, los principios y la motivación
  4. Hábitos: Son la repetición de una conducta que internaliza la persona como respuesta a una situación determinada.

Por otro lado, tenemos a los factores externos, aquellos que hacen posible o no el autocuidado de las personas. No dependen de los individuos, sino que corresponden a los determinantes de tipo cultural, político, ambiental, económico, familiar y social. Entre ellos:

  1. Cultural: A las personas se les dificulta la adquisición de nuevos conocimientos y la adopción de nuevas prácticas debido a que los comportamientos están arraigados en las creencias y las tradiciones. 
  2. De género: Las prácticas de autocuidado en nuestra sociedad han tenido un sesgo de género, el cual ha generado formas diversas de autocuidado individual y colectivo en mujeres y hombres.
  3. Físico, económico, político y social: Para optar por prácticas saludables hay que disponer de un mínimo de recursos físicos (por ejemplo, la infraestructura sanitaria). En teoría, estos asuntos son competencia de los gobernantes y los colectivos, trabajando juntos en pro del desarrollo a través de la participación social. No son patrimonio exclusivo de la persona ni de un sector en particular, sino que requieren compromisos intersectoriales y sociales. Para el autocuidado es necesario, tanto el respaldo político a las acciones gubernamentales y ciudadanas, como el establecimiento de políticas públicas saludables con el fin de garantizar a personas y comunidades un marco legal que apoye los esfuerzos en pro del desarrollo y, por ende, del cuidado de su salud.

El entendimiento de estos conceptos hace que el armado de una estrategia de concientización tenga éxito.

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