¿POR QUÉ ME OLVIDO DE LAS COSAS?

¿POR QUÉ ME OLVIDO DE LAS COSAS?

Cerca de tu Negocio  -  15/09/2022

Qué son y por qué se producen los olvidos y lagunas.

Queremos recomendar el nombre de una película que vimos y nos encantó, pero se nos hace “una laguna”. Nos encontramos con alguien que no vemos hace un tiempo y no podemos recordar su nombre… o la típica frase “lo tengo en la punta de la lengua”. ¿Por qué nos pasa esto? ¿Qué son los olvidos y las lagunas? “Un olvido es una falla al momento de intentar acceder a información que previamente habíamos adquirido. Sin embargo, los mismos no siempre son malignos, ni implican una pérdida de la memoria. Los olvidos son comunes y hacen parte de la vida diaria, incluso podríamos decir que son normales, ya que sería prácticamente imposible recordar cada detalle de los acontecimientos de nuestra vida y las piezas de información que los acompañan”, explica el licenciado Juan Carrillo, miembro del Departamento de Neuropsicología de INECO.


¿POR QUÉ SE PRODUCEN?

El estrés, el ritmo de vida acelerado, la hiperconexión y la sobreestimulación de información pueden ser algunas de los factores que “contribuyan” a tener estos olvidos. Pero para Carrillo antes de describir las razones por las cuales se pueden producir los olvidos, es importante aclarar que la memoria no es un concepto simple ni una función unitaria, la misma está compuesta de una serie de mecanismos complejos y bien diferenciados. Con la intención de mantener esta descripción relativamente acotada, vale la pena pensar en la memoria, específicamente como aquella que se encarga de registrar nuestras experiencias personales y conocimientos. Como un proceso compuesto por 3 fases o estadios:

  1. La adquisición
  2. El almacenamiento
  3. La evocación

La adquisición o modificación se refiere a ese primer momento en el cual entramos en contacto con nueva información, lo que hace que esta fase esté fuertemente influenciada tanto por la atención, como por el estado anímico y la motivación. Posteriormente, la información que fue codificada de manera adecuada pasará a un almacenamiento, que actuaría como una especie de almacén al cual debemos acudir en el momento que queramos evocar dicha información o como lo llamamos comúnmente recordar. Teniendo en cuenta lo anterior, es posible afirmar que pueden observarse fallas en las diferentes fases del proceso y esto resultará en diversas dificultades”, argumenta.

Podríamos decir entonces que los olvidos se producen como consecuencia de una dificultad para acceder a la información almacenada, producto de una incorrecta o pobre codificación, lo cual puede haber estado influenciado por una falta de atención o desinterés por el material.


OLVIDOS BUENOS

Según explica el especialista, olvidar ocasionalmente el nombre de una persona o no lograr evocar el nombre de una película al momento de recomendarla, son buenos ejemplos de olvidos benignos. No son por sí mismos señales de un problema grave de memoria ni síntomas de una patología. Sin embargo, pueden de igual forma generar situaciones incómodas, por lo que hay ciertas estrategias que podemos poner en juego para evitarlos. “Nuestros cerebros recuerdan mejor cuando asociamos la información nueva con información que ya conocemos. Así, con respecto a los nombres de personas podemos, por ejemplo, asociar el nombre nuevo con el de alguien que conocemos o con alguna otra palabra relevante para nosotros. De la misma forma podemos usar una estrategia de asociación, en la cual conectemos el aspecto físico de la persona de la cual queremos recordar su nombre, particularmente su rostro, o mejor aún algún detalle de este con su nombre”, ejemplifica.

En el caso de las películas, Carrillo sugiere, en primer lugar, relajarse para evitar que la ansiedad dificulte el proceso de recordar e intentar pensar en el contexto en el que se vio la película, con quien se la vio, la trama de esta o incluso la banda sonora. Este tipo de información adicional puede acercarnos a la información específica que queremos evocar. “Si nada de esto funciona, también puede ser una buena idea pensar o hablar de otra cosa que no esté relacionada. En ocasiones evitar forzar la recuperación de la información puede ayudar a traerla a la mente de forma espontánea”, argumenta.

A su vez explica que a nivel más general prestar atención es lo que va a permitir codificar la información de manera correcta y así consolidarla. La atención es la puerta a nuestra memoria. Por último, aclara que los hábitos de vida influyen en los procesos mnésicos (de la memoria), por eso una buena alimentación, realizar actividad física y saber manejar el estrés permitirán guardar información de manera correcta y poder acceder a ella.


¿CUÁNDO PREOCUPARNOS?

Es normal que a medida que envejecemos empecemos a notar ciertas dificultades en la memoria, es simplemente uno de los muchos cambios que experimenta nuestro cuerpo con el paso de los años. Sin embargo, cuando estos olvidos empiezan a afectar nuestro funcionamiento en la vida diaria es cuando debemos alertarnos. Olvidar el nombre de un personaje de una película o un detalle de la trama es normal, pero olvidar por completo haber visto la película debería llevarnos a pensar en hacer una consulta neurológica.

¿Otras cuestiones para prestarle atención ya que pueden indicar más que simples olvidos benignos? Si la frecuencia de olvidos de objetos personales o compromisos va en aumento, hacer las mismas preguntas una y otra vez, una intensidad progresiva en el olvido de palabras o nombres, demorarse más en realizar tareas conocidas y desorientarse mientras caminamos o manejamos por una zona conocida.

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