DICIEMBRE: LA MARATÓN ETERNA

DICIEMBRE: LA MARATÓN ETERNA

Calidad de Vida  -  13/12/2021

Cómo bajar decibeles y aprender a decir “no” para evitar correr sin llegar a ningún lado.

Cada año cuando el calendario marca diciembre nos inscribimos en una carrera eterna de compromisos y actividades. La agenda se llena y queremos hacer todo lo que no hicimos en el año. Y después de casi 2 años de pandemia, donde ya vislumbramos un poco más de “normalidad”, esta sensación de hacer todo y no perdernos nada se ve potenciada. Pero en vez de disfrutar vivimos corriendo y sin poder llegar a destino. ¿Cómo disfrutar del momento? ¿Cómo bajar la ansiedad que nos produce esta vorágine? Según explica la Licenciada Mirta Petrollini, Docente y Supervisora de la Institución Fernando Ulloa, diciembre es un mes caótico en el que se condensa el estrés del año, el aumento de las obligaciones (laborales, sociales y familiares), requerimientos de asistencia a los eventos de nuestros hijos (muestras artísticas, exposiciones y reuniones escolares). El equilibrio entre obligaciones y descanso se tensa al máximo, ni hablar de organizar vacaciones, regalos, realizar el balance del año, etc. Porque no frenar y preguntarnos: ¿Acaso el primero de enero del año siguiente nos muestra tanto cambio? ¿Por qué ese vértigo? ¿Por qué cuesta tanto decir no? “Si la respuesta es que no queremos perder nada porque perdimos mucho, es que estamos poniendo las expectativas tan altas que inevitablemente nos sentiremos mal. Vivimos tratando de acomodar nuestro deseo a lo que suponemos que nos demandan y eso rige nuestra existencia. De ese modo, lo que deseamos va quedando en segundo plano, olvidado o negado tras las obligaciones y requerimientos cotidianos. ¿Qué perdemos si decimos que no? Sin duda suponemos que se enojarán con nosotros, que se alejarán o no nos considerarán como antes. Pero nos estamos forzando a actuar de un modo que no queremos y así el desánimo, la falta de energía y la ansiedad crecen”, explica la especialista.

Pero a no desesperarnos, podemos desarmar este encadenamiento de obligaciones en continuo. ¿Cómo? Aceptando que algo vamos a perder; que se trata de perder algo para no perder todo. Es clave poder diferenciar lo urgente de lo necesario, lo que efectivamente queremos hacer de lo que nos piden. “Animarse a transitar de la frustración a la flexibilidad y así poder elegir lo que hacemos para no ser elegidos en actividades o lugares en los que no queremos estar”, explica Petrollini.

 

UN CONTEXTO QUE NO COLABORA

Hay que mencionar, por supuesto, que este tiempo de pandemia y distancia social, más el cansancio respecto de los cuidados están dejando una marca en la sociedad, en todos los grupos etarios. Por ejemplo, según cuenta la especialista, en los jóvenes se escucha con frecuencia ese intento de recuperar el tiempo perdido asistiendo a cuanto encuentro puedan de cualquier modo. “Por segunda vez (desde el inicio de la pandemia) llegamos a diciembre. Esperanzas y frustraciones combaten entre ellas, exigencias y urgencias, cansancio versus descanso. Llega el momento en que es necesario poder hacer un corte en el que aceptemos que el mundo tiene reglas y variables que no dependen exclusivamente de nosotros. Incorporar flexibilidad para poder pensar que no todo tiene el mismo nivel de urgencia y que no es necesario renunciar a lo que somos por lo que esperamos ser por cumplir mandatos”, argumenta Petrollini.

 

UN ESCENARIO ¡EN EL CUAL NOS MOVEMOS!

William Shakespeare dijo: “El mundo es un escenario y todos los hombres y mujeres son solamente actores”. ¿Qué significa que el mundo es un escenario y nosotros solo actuamos en él? Según explica Petrollini nos liberaría, en gran medida, el peso de la vida si aceptamos que no todo depende de nosotros, que no todo tiene la misma gravedad o urgencia y que poder pararse a cuestionar si estamos bien con las exigencias cotidianas es sumamente saludable. Sin embargo, la especialista reconoce que esto no es tan fácil porque desde los primeros momentos de nuestra vida adaptamos necesidades y deseos a lo que creemos que se espera de nosotros y nos esforzamos en cumplirlo. “Es así el desarrollo normal de toda persona, por lo que es consecuente que si no logramos satisfacer estos ideales nos frustramos e inevitablemente sobrevendrá un incremento de ansiedad, estrés o depresión que irán dominando la vida”, concluye.

Este fin de año saquemos el pie del acelerador para poder disfrutar de lo que tengamos ganas y no vayamos a todos lados solo por el hecho de estar. Hay una frase que dice “Menos es más” y en diciembre esa ecuación tiene mucho de verdad.

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