NUESTRO CEREBRO Y LA TOMA DE DECISIONES

NUESTRO CEREBRO Y LA TOMA DE DECISIONES

Calidad de Vida  -  06/02/2019

Cómo interviene el órgano humano más complejo a la hora de tomar una decisión.

Desde hace varios años la neurociencia ha desembarcado en nuestras vidas con el fin de aportar datos e información de temas que siempre se han debatido. Esta disciplina científica (que engloba diversas áreas y por eso en ocasiones se nombra en plural) se ha dedicado a estudiar los diferentes aspectos que conforman el sistema nervioso, su estructura, sus funciones (lo que hace)… En definitiva, intenta acercar información sobre cómo funciona el cerebro y su impacto en las diferentes áreas.  Se suele escuchar “si entendemos a nuestro cerebro, podemos entendernos a nosotros mismos”.

Para comprender un poco más a nuestro cerebro y entender cómo funciona en los procesos de toma de decisiones, entrevistamos a  la Dra. en Neurociencia, María Luz González Gadea, del Instituto de Neurociencias Cognitivas y Traslaciones de Fundación INECO-INCYT. Según explica la especialista, tradicionalmente se ha entendido o estudiado que durante la toma de decisiones simples intervienen áreas del cerebro relacionadas con la valoración de costos y beneficios, la evidencia de las opciones disponibles en ese momento y las expectativas previas. Y siempre este proceso de toma de decisiones estuvo asociado a áreas del cerebro que tienen que ver con el procesamiento racional de la información. Pero en los últimos 20 años se ha empezado a estudiar en profundidad la influencia de las áreas emocionales en los procesos de toma de decisiones (complejos sobretodos), y en la toma de decisiones sociales. “Estás son áreas asociadas con la regulación emocional y con el sistema de recompensa del cerebro”, explica.

Pero, ¿conociendo cómo funciona nuestro cerebro podemos controlar todas las decisiones? ¿Podemos entrenarlo para tomar las correctas? “Lo primero que hay que saber es que hay decisiones que nosotros podemos controlar y que tomamos racionalmente, en las cuales intervienen todos estos procesos que mencionamos anteriormente. Sin embargo, hay una gran cantidad  de decisiones que son automáticas ya que nuestros cerebros están programados para responder de manera automática y rápida ante diversas cuestiones que tienen que ver, por ejemplo, con el miedo o la protección”, explica. ¿A qué se refiere la especialista? A decisiones que no son tomadas de manera consciente donde se hace un proceso deliberado. Por ejemplo, apartar la mano de algo caliente es una acción automática que está fuera de nuestro control.

Sabiendo esto, hay ciertas cosas que podemos trabajar y tener en cuenta al momento de tomar una decisión. Primero, reconocer que existen algunas cuestiones que escapan a nuestro control; estar alertas y reconocer que inevitablemente no vamos a poder controlarlas cuando sucedan. Segundo, tomar en cuenta que los aspectos emocionales influyen de manera positiva y negativa en la toma de decisiones. Al  ser conscientes de todos estos procesos sabremos cómo actuar de acuerdo al tipo de decisión a tomar. “Si se trata de una decisión más racional, y sabemos que hay procesos automáticos y más racionales que influyen en la toma de decisiones, lo mejor será esperar tiempo y no tomar esa decisión de manera rápida”, argumenta González Gadea.

 

ÓRGANO SOCIAL

El cerebro es un órgano social  y esto demuestra la influencia que tienen las experiencias y nuestro contexto en nuestro desarrollo cerebral. “Las conexiones que suceden en nuestro cerebro no van a estar determinadas exclusivamente por  una herencia biológica y por lo que la genética hizo en su momento. Sino que todas nuestras experiencias sociales van a teñir y van a hacer que esas conexiones se den de ciertas formas particulares para permitirnos procesar información, vincularnos con otras personas, sentir emociones de diversos tipos, etc.  Todas las experiencias con otras personas, y las experiencias con el medio ambiente y con los objetos van a moldear nuestro cerebro”, explica.

Por último, la especialista deja en claro que el cerebro se enriquece ampliamente con todas las interacciones que tengamos con otros. Y de hecho estas interacciones, por ejemplo, van a funcionar o servir como reserva cognitiva para el deterioro cognitivo que se produce por la edad, y para cualquier deterioro cognitivo  que se pueda producir por algún incidente que tengamos en la salud. La interacción social es un factor que va a proteger y va a mejorar siempre a nuestro cerebro.

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